Logroño, lugar de paso y cruce de caminos

Logroño, lugar de paso y cruce de caminos

Un año más hemos decidido escaparnos de la capital durante las vacaciones de Semana Santa, para desconectar del trabajo y conectar con la familia y amigos. El destino elegido ha sido LOGROÑO, bañada por el Ebro y una de las ciudades más bonitas de España y famosa por sus vinos, pinchos y tapas. No solo destacada por su atractivo gastronómico y vitivinícola,  sino también por estar enmarcada en un entorno de espectacular belleza. ¡Teníamos por delante una combinación perfecta!

No es la primera vez que hemos paseado por sus calles, probado su gastronomía o catado sus vinos pues, al tener familia allí, ya la hemos recorrido en más de una ocasión. Aun así, cada vez que la visitamos no deja de sorprendernos y engancharnos para querer volver una y otra vez.

 

Primer día de nuestra aventura

Emprendimos el viaje el jueves a las 8 de la mañana (la previsión era salir antes pero con dos niñas pequeñas, ya se sabe, todo se retrasa), la lluvia nos acompañó desde Madrid hasta que llegamos a Logroño. La Semana Santa ya se preveía bien pasada por agua, este año la meteorología defraudó en casi toda España, pero ya íbamos preparados para ello. A nosotros ni la lluvia nos frena.

Para nuestra sorpresa, poco después de llegar a la ciudad paró de llover y el tiempo nos dio un respiro. Para no romper con las tradiciones nos fuimos directos a la calle Laurel, 100% recomendado si queréis vivir la ciudad de un modo más especial. Allí se pueden degustar vinos de fama mundial y comer espectaculares tapas, repartidas entre unos 60 establecimientos (migas, los rotos o los matrimonios, entre otras). También es conocida como “la senda de los elefantes”, porque las posibilidades de salir trompa de ella son bastante altas.

Como siempre, la experiencia no defraudó. Como dato curioso os diré que la calle debe su nombre a que, en la antigüedad, en ella se ejercía la prostitución y para que los clientes tuvieran constancia de quién estaba disponible, las mujeres colgaban de sus balcones una rama de laurel. En época de crisis los balcones de toda la calle lucían llenos de laureles.

Una vez disfrutado de la gastronomía, estuvimos gran parte de la tarde paseando por la ciudad y contemplando sus numerosos monumentos de gran belleza. El encanto de las calles del casco antiguo, donde puedes encontrar los calados, antiguas bodegas que estaban bajo las casas. Las numerosas iglesias de incalculable valor que dibujan el recorrido por la ciudad, así como la Iglesia Imperial de Santa María de Palacio, cuya aguja caracteriza el skyline de la ciudad, o la Iglesia de Santiago, de parada obligatoria para los que hacen el camino de Santiago.

Sin duda, una de mis preferidas es la Concatedral de Santa María la Redonda, enclavada en pleno corazón del casco antiguo y levantada sobre una primitiva iglesia románica. Para terminar el paseo, nos adentramos en el conocido como Paseo del Espolón, la plaza más emblemática de Logroño y una zona perfecta para que los niños correteen y disfruten. Después de la caminata nos merecíamos un buen homenaje. Hicimos una parada en la Crepería 42 , ubicada en plena Gran Vía Juan Carlos I, regentada por unos amigos de mi cuñado y donde comimos unos crepes deliciosos, mi hija Candela no pudo disfrutar más.

Alrededor de las 8 de la tarde nos tocó recogida, con niños ya se sabe que los planes tienen que ser más tranquilos. Cenamos hornazo, recién traído de Salamanca, que estaba buenísimo y a dormir hasta el día siguiente .

 

Segundo día en la ciudad, más relajado

El viernes amanecimos temprano, el horario escolar es lo que tiene. Me tocó cocinar tortitas y pasamos una mañana tranquila en casa haciendo lo que más nos gusta cuando nos juntamos todos, largas charlas sin mirar el reloj.

El día anterior ya habíamos paseado bastante y el plan iba a ser bien distinto. Decidimos comer en el Restaurante  japones Miyako Teppanyaki, caracterizado por su enorme plancha teppanyaki.  Nos hemos convertido ya en clientes habituales de este restaurante en nuestras visitas a la ciudad. El ambiente es muy agradable y los cocineros hicieron las delicias de los más pequeños cocinando en la plancha, de dimensiones considerables. Muy buen trato y una comida excepcional.

Para bajar la comida terminamos en la bolera, no todo iba a ser comer y beber. No me detendré mucho en este aspecto porque no es que sea malo, es que soy lo siguiente, no gané ni una partida. Eso sí los más pequeños disfrutaron de lo lindo sobretodo Candela,  aunque la bola pesara casi más que ella. Así pusimos el broche al día que cómo veis fue de lo más tranquilo.

 

Último día en Logroño aprovechado al máximo

¿Adivináis a qué hora amanecimos el sábado? Eso es a las 8, el reloj de siempre. Esta vez el desayuno fue bastante saludable, tostadas de aguacate. Seguro que la Boticaria García le daría un buen aprobado a ese desayuno, si no sabéis de quien hablo, ¡ya estáis buscándola y siguiendo sus consejos sobre alimentación!.

El plan del sábado prometía y mucho. Fuimos al gimnasio de mi cuñado Centro Spa Columnata, no a hacer deporte que estábamos de vacaciones,  sino a disfrutar de la piscina y el spa con las niñas. Un spa con niños ¿está claro quienes disfrutaron más, no?.

Nos quedaban ya solo unas horas para volver a Madrid pero, para despedirnos de Logroño, nos acercamos a comer al restaurante La Chula. Un local de comida tradicional riojana cuya especialidad son los arroces, elaborados con las materias primas más frescas y de temporada. Las alcachofas estaban espectaculares, si pasáis por allí no dejéis de probarlas.

Y después de unos días de desconexión y relax en familia nos tocó volver a la capital, que no todo va a ser estar de vacaciones. Desde aquí tengo que dar las gracias a mi cuñada porque, gracias a cantar a Berta los Cinco Lobitos unas mil veces, conseguimos tener un viaje de vuelta tranquilo y bastante rápido sin apenas tráfico, algo complicado cuando vuelves a Madrid después de unas vacaciones.

Espero que os haya gustado el post de nuestras pequeñas vacaciones en La Rioja, si tenéis la oportunidad no dejéis de visitarla porque no os defraudará (y esto no está patrocinado ni mucho menos). Ahora solo me queda esperar al próximo puente (solo quedan unos días)  haciendo lo que más me gusta «la ferretería».

 

¡¡Muchas gracias por estar siempre ahí detrás y hacer de esta aventura una realidad!!

 

1 Comment
  • Ana Belén García González
    Posted at 19:57h, 25 abril Responder

    Jajajaja. Minivaciones disfrutadas y sufridas, todavía sigo cantando en bucle los cinco lobitos……

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